Entrevista a Isaac Compañó, responsable del Área de Personas de Cáritas Diocesana de Barcelona

Con la aprobación del nuevo Plan marco de voluntariado 2027–2030, Cáritas Diocesana de Barcelona refuerza su compromiso con el voluntariado, una pieza clave y protagonista de la identidad y la misión de la entidad. Este Plan nace de un amplio proceso participativo que quiere dar respuesta a los retos actuales y futuros del voluntariado. Hablamos con Isaac Compañó, responsable del Área de Personas de Cáritas Diocesana de Barcelona, que nos ayuda a comprender el sentido del Plan y las líneas maestras que orientarán el voluntariado en los próximos años.
Cáritas Diocesana de Barcelona acaba de presentar el nuevo Plan marco de voluntariado 2027–2030. ¿De qué trata?
El voluntariado es un eje esencial de Cáritas, forma parte de nuestra identidad más profunda. El nuevo Plan marco nace de la necesidad de actualizar la mirada, de escuchar qué nos dice hoy el voluntariado y de adaptarnos a una realidad social y humana cambiante. Ha sido un plan trabajado desde un proceso participativo muy rico, que nos ha permitido detectar necesidades reales y definir retos compartidos de futuro.

¿Podríamos decir que es el resultado de un camino?
Sí, es un proceso de construcción conjunta, de ir haciendo realidad, paso a paso, un solo equipo humano. Y este camino no se detiene: seguimos avanzando, fortaleciendo vínculos y profundizando en todo aquello que nos une.
El año pasado presentamos las líneas estratégicas de la entidad, y ya destacábamos que el equipo humano de Cáritas es esencial para la misión encomendada. Nos lo dicen las cifras, ya que contamos con más de 3.000 personas voluntarias y 200 contratadas en el conjunto de la diócesis, pero sobre todo nos lo dice la realidad cotidiana de lo que hacemos.
Este contexto, unido a la necesidad de actualizar el plan que teníamos y a la participación activa de Cáritas Barcelona en el marco estratégico confederal de Cáritas Española, nos ha llevado a dedicar este curso a elaborar el nuevo documento marco.
¿Cuál ha sido el valor añadido de este proceso participativo?
El proceso participativo ha sido clave. En el desarrollo del trabajo y la reflexión compartida a lo largo de los últimos meses han estado implicadas personas de distintos ámbitos: territorios, áreas, sacerdotes, voluntariado parroquial, profesionales, personas participantes, consejeros y equipo directivo. Concretamente, han participado más de 150 personas, organizadas en más de 12 equipos de trabajo transversales.
Todo ello nos ha permitido alcanzar logros muy valiosos, como escuchar de manera honesta la experiencia real del voluntariado, revisar cómo acompañamos y cuidamos los procesos de participación e identificar retos compartidos.
Con todo este proceso hemos remarcado una idea fundamental del Plan: personas voluntarias y contratadas formamos un solo equipo, y todos y todas somos corresponsables de la tarea que tenemos encomendada.

El Plan habla mucho de acompañamiento. ¿Por qué es tan central este concepto?
Acompañar significa caminar juntos, desde el respeto, la escucha y el reconocimiento mutuo. El acompañamiento es clave para cuidar a las personas que atendemos, pero también lo extendemos a cuidar a las personas voluntarias y contratadas. Se trata de garantizar una acción coherente con nuestros valores, forjar una relación bidireccional: acompañamos y somos acompañados.
La formación ocupa un espacio central en el documento. ¿Qué formación propone Cáritas a su voluntariado?
Una formación integral, que va más allá de los contenidos técnicos. Hablamos de formar el ser, el saber, el saber hacer, el saber convivir y el saber creer. La formación debe ser transformadora, ayudarnos a leer la realidad y actuar con criterio y sentido. El Plan establece formaciones indispensables, como la acogida institucional, el conocimiento de la identidad de Cáritas y el Curso Básico de Voluntariado Social, apostando por un itinerario continuo adaptado a cada momento vital.
Otro eje importante es la participación y la comunidad. ¿Qué significa esto en el día a día?
Significa que la participación no puede ser puntual ni simbólica. Es necesario generar espacios reales de encuentro, de decisión y de construcción comunitaria. El voluntariado no actúa solo, actúa en comunidad y crea comunidad. El Plan apuesta por fomentar espacios intergeneracionales, red territorial, encuentros compartidos y mayor implicación con las Cáritas parroquiales.

El Plan también habla de diversidad y flexibilidad del voluntariado. ¿Es un cambio de mentalidad?
Sí, en parte. Las realidades vitales son muy diversas y es necesario ofrecer propuestas también diversas: voluntariado joven, familiar, inclusivo, corporativo o no presencial. El reto es abrir las puertas a nuevos perfiles y personas sin perder el sentido profundo del compromiso. Flexibilidad no significa superficialidad, sino capacidad de adaptación. Este año hemos querido situar el voluntariado en el centro, de manera transversal e institucional. Y no es casualidad: coincide con un momento en que es necesario reconocer, cuidar e impulsar el valor del compromiso voluntario.
Finalmente, ¿qué destacarías como horizonte del Plan 2027–2030?
Este Plan no es un punto de llegada, sino una herramienta viva. Nos vincula con nuestro compromiso de estar al servicio de las personas más vulnerables, desde la mirada del Evangelio. Marca seis grandes retos que deberán concretarse en acciones y procesos. El horizonte es una Cáritas más comunitaria, más corresponsable y más cuidada, donde el equipo humano de Cáritas, y entre ellos el voluntariado, sea realmente protagonista. Porque sin el equipo humano, Cáritas no sería lo que es.

