Ayuda a necesidades básicas / 01/04/2019

El ocio, una necesidad básica más

Publicado por: Xavier Roigé

El ocio y la cultura son elementos imprescindibles para la cohesión social, la identidad y la participación social

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Las causas de exclusión social son múltiples y tienen que ver con factores laborales, económicos, políticos, de identidad cultural, de edad o relacionadas con discapacidades psíquicas o físicas. Pero aparte de estos factores, no podemos olvidar los factores relacionados con la cultura y el ocio. Disfrutar de la cultura y del ocio es algo imprescindible para cualquier persona, pero es especialmente significativo para personas en situación de exclusión social. Ante necesidades más urgentes de carácter social, a menudo las políticas públicas y también las organizaciones sociales olvidan que la inversión en cultura y en ocio no es sólo una necesidad para el mejor bienestar de las personas, sino sobre todo una inversión que contribuye a la cohesión social.

Sentimiento de pertenencia

Esto es importante por dos razones. En primer lugar, como elemento preventivo de la exclusión social. En cualquier sociedad, el ocio y el acceso a la cultura nos permiten identificarnos a un grupo de personas que comparten una identidad cultural. Dicho de otro modo: cuando participamos en ocio y cultura no sólo nos lo pasamos bien, sino que estamos identificándonos cultural y socialmente.

La participación en fiestas, en tradiciones, en espectáculos, en actividades culturales permite sentirnos partícipes de una identidad de nuestro grupo social más inmediato y al mismo tiempo de nuestro pueblo, ciudad o país. Evidentemente, los factores de integración social son múltiples y diversos en una sociedad pluricultural, pero el acceso a la cultura (entendida no como alta cultura, sino en un sentido antropológico, como el conjunto de elementos que nos identifican socialmente) deviene un factor clave en cualquier política cultural y social.

Por eso se necesitan dos cosas: un cambio en las políticas culturales para orientarlas a una mayor participación social y tener claro que la inversión en cultura es una inversión en cohesión social y en prevención de la exclusión social.

Ocio para todos

En segundo lugar hay otro factor básico. A menudo consideramos elitistas las políticas culturales, algo que sólo disfrutan las clases que pueden acceder a espectáculos culturales o exposiciones. Cuando en mayo del 68 se reivindicaba “la Gioconda en el metro” se pedía algo que a menudo parece olvidarse en las políticas culturales: el valor integrador de la cultura.

Son muchas las acciones que ya hacen las entidades culturales para personas en situación de exclusión pero pueden pasar desapercibidas: desde acercar la ópera a todos hasta abrir las salas de exposiciones a personas sin recursos, o hacer museos que no sean para las élites sino para personas de toda condición. Sin olvidar las grandes posibilidades terapéuticas de la música, las artes o los espectáculos para las personas con discapacidades.

Se hacen muchas acciones en este sentido, pero aún hay que dar muchos más pasos para convertir la cultura y las instituciones culturales en una especie de “hospitales culturales” accesibles a personas sin recursos, discapacitadas, o personas con riesgo de exclusión. Abrir sus puertas al servicio de la cohesión social.

Para hacerlo posible es necesario que las políticas sociales y las políticas culturales vayan de la mano para conseguir que el ocio y la cultura no se vean como un elemento superfluo, sino como un elemento fundamental para lograr sociedades más igualitarias. Para el bienestar social necesitamos obviamente los recursos médicos y asistenciales más básicos, pero también asumir que el ocio y la cultura son elementos imprescindibles para la cohesión social, la identidad y la participación social.

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Profesor de Antropología Social de la Universidad de Barcelona

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