Ayuda a necesidades básicas / 07/05/2018

¿Es posible alimentar todo el mundo?

Publicado por: Adam Smith

La mitad de la comida que producimos en el mundo es desaprovechada. Ni siquiera llega a nuestras mesas. Sin embargo un millón de personas de este planeta no tiene acceso a la comida, padece inseguridad alimentaria, pobreza alimentaria o malnutrición

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Un voluntario y Adam Smith, recogiendo comida desaprovechada / FOTO: The real junk food

Malgastamos millones de toneladas de comida en todo el mundo cada año. En mi ciudad, Leeds, en el año 2012, más de 22.000 personas fueron diagnosticadas de malnutrición, incluso niños. Y decidí que no me podía quedar de brazos cruzados. El sistema está configurado para explotar a la humanidad y el entorno. No entiendo por qué dejamos que esto suceda.

Un día estaba trabajando en una granja en Australia y uno de los líderes de equipo me dijo: «No puedes cambiar el mundo hasta que no cambies primero tu ciudad de origen». Y en aquellos momentos me di cuenta de que tenía que volver a Leeds. Así que volví a casa y creé una empresa, no es caridad, es una empresa llamada The real junk food project (El proyecto real de comida basura). Me propuse tomar esta comida basura y permitir que llegara a la gente. La manera más productiva de transferir la energía de la comida es alimentando a la gente, no a las papeleras. Y una semana después de crear la compañía, abrimos el primer café «Paga lo que quieras» de Reino Unido, que utiliza únicamente residuos interceptados, comida excedente.

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«Paga lo que quieras» no va de ofrecer comida gratis: es poner en valor las personas y la comida, los recursos, el tiempo, y devolver lo que creas que merece. He visto que este concepto ha triunfado en todo el mundo, especialmente en Australia. Pero decidimos que le daríamos una vuelta al concepto y permitiríamos que las personas pagaran lo que quisieran. Así que tuvimos personas que venían al café y daban lo que querían: su tiempo, su energía, sus habilidades, donaciones económicas… Teníamos gente que limpiaba las ventanas, personas que lavaban los platos, frotaban el suelo, gente que no podía pagar pero que mejoró la instalación eléctrica… Para ellos esto era más valioso que darnos dinero.

Así que interceptamos comida de todos sitios. Recogíamos comida de la basura de los supermercados, bancos alimentarios, mercados urbanos… también recibía muchas llamadas y correos electrónicos diciéndome «¿Puedes venir y llevarte esta comida?». Mi respuesta era siempre «sí». Como seres humanos, teníamos el poder de saber si ese alimento encajaba o no.

Y es que estamos manipulados por las fechas de caducidad. Los supermercados saben que es una herramienta muy poderosa para nosotros: ves la fecha, tiras el producto, vuelves al súper y compras de nuevo. Pero esa comida es totalmente comestible, no tiene nada de malo. Nos enfrentamos a un gran derroche alimentario del que nadie ha oído hablar: los bancos de alimentos. Mucha gente cree que el banco de alimentos hace mucho bien, y lo hacen socialmente, pero medioambientalmente desperdician mucha comida. Sus políticas sólo les permiten guardar comida por tiempo limitado y cuando la fecha de caducidad les llega, les han de lanzar.

En nuestro primer año -abrimos en diciembre de 2013- evitamos que se lanzaran 23 toneladas de comida. Alimentamos a más de 10.000 personas en ese pequeño café, cocinamos más de 12.000 platos y, con estos datos, pensamos: aquí tenemos algo poderoso. La verdad es que no nos gusta estar haciendo esto, preferiríamos que se enseñara a los niños de dónde proviene la comida y por qué no se debe malgastar. Pero también está en nuestras manos: entre todos podemos acabar con este derroche tomando conciencia en nuestro día a día.

 

 

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Fundador del proyecto The Real Junk Food, una iniciativa que reutiliza comida desaprovechada y evita el desperdicio alimentario

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