Voluntariado / 17/01/2017

Begoña Román: «Para ser voluntario y cuidar de los demás, tienes que cuidarte primero a ti mismo»

Publicado por: Cáritas Diocesana de Barcelona

La experta en ética aplicada aportó diferentes pautas para vivir el voluntariado con intensidad sin caer en la heroicidad o el paternalismo

Con un reto bien grande – «transformar la manera de hacer voluntariado a partir de unas pautas éticas» – comenzaba la cuarta charla del ciclo de reflexiones en torno a la figura del Voluntariado, que esta vez iba a cargo de la profesora Begoña Román, doctora en filosofía y experta en ética aplicada a entornos profesionales y organizativos. Bajo el título «El cuidado de los demás y de uno mismo», Román partió de la distinción entre ética -es pensada y responde a ‘por qué actúo así’- y moral -es vivida: «Pensad que el nivel moral de un país es proporcional a la calidad y cantidad de su voluntariado».

Y es que, según la filósofa, ser voluntario es más que hacer un voluntariado ya que nos define como personas porque, al fin y al cabo, una persona es lo que hace. Así que ser voluntario significa tener clara la convicción de la propia persona. Begoña Román admitió que, a veces, es imposible no confrontarse con situaciones que hagan tambalear al voluntario y a su moral. Y, ante esta situación, aconsejó «ser responsables con nuestra labor. No basta con tener buena voluntad y sentido común, debemos tener conocimientos de quién soy y por qué hago voluntariado. Y, por ello, necesitáis formación en diferentes ámbitos».

Dependencia vs. autonomía

Así, la responsabilidad ética se convierte en el cuidado de algo frágil, vulnerable, sin crear una situación de asimetría o superioridad entre voluntario y persona que se ayuda. «Nuestra sociedad ha convertido en vergonzosa la dependencia», expresaba la experta en ética aplicada, que argumentaba que la responsabilidad ética pone en el centro la fragilidad, la vulnerabilidad, la dependencia pero no la autonomía. Y es que, según ella, la sociedad actual convierte la dependencia en una carga y lo deja en manos del estado del Bienestar «pero cuando éste está en crisis, es cuando entran las entidades de beneficencia, cuando se trabaja desde la caridad».

La ética de la responsabilidad se basa en un equilibrio entre la dependencia y la autonomía ya que no se trata de reducir a caridad una cuestión de justicia como es atender a los más necesitados. En este punto, Román pidió un cambio de modelo social que se una, no sólo para ir «en contra» de algo, sino para ir «a favor» porque actualmente «nos dispersamos en microcausas».

Éticas y riesgos

Hay cuatro tipos de ética en el juego del voluntariado: la personal, aquella del ámbito íntimo; la pública o cívica, la convivencia con los demás basada en la dignidad; la profesional, en la que «la calidad del servicio tiene que ver con la calidad del cerebro»; y la organizativa o ir en nombre de una institución con una responsabilidad y un compromiso.

«Ser voluntario es un trabajo de riesgo», procedió Begoña Roman. En este sentido, se debe tener cuidado con situaciones de paternalismo («Lo trataré como a mi hijo») porque hace más vulnerable a las personas frágiles. Tampoco se pueden evadir o disolver responsabilidades («Yo de eso no me ocupo») o caer en el familismo («¿Por qué no le ayuda a su familia?»). Hay situaciones complejas en las que no se puede dar nada por supuesto.

Los voluntarios, por tanto, deben tener cuidado de los demás pero también de ellos mismos: «Uno no puede dar lo que no tiene y no puede cuidar si no se sabe cuidar a sí mismo», añadió la filósofa. Con respeto, cercanía, humildad, inteligencia, conocimiento personal y formación se puede llegar a estar preparado para acompañar a los más frágiles. Porque, en definitiva, «el voluntariado no es entretenimiento, es compromiso y eso es saber el porqué lo hago».

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