Personas mayores / 30/09/2019

Un acompañamiento histórico a las personas mayores

Publicado por: Joan Montblanc

Desde hace 30 años, Cáritas vela por el bienestar de las personas mayores atendidas. En sus inicios lo hizo a través de los centros de día y, poco a poco, se fueron desarrollando el resto de proyectos destinados a este colectivo

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FOTO: Daniel Alarcón (2001)

Muchas de sus problemáticas relacionadas con las personas mayores las puso sobre la mesa el estudio realizado por Cáritas en 1982 sobre las más de 32.000 personas de la diócesis de Barcelona beneficiarias del FAS (Fondo de Asistencia Social), una ayuda mínima para personas mayores de 69 años que no tenían ninguna pensión ni recibían ninguna otra renta. Como consecuencia de la grave situación de urgencia de miles de personas mayores que este estudio constató, se desarrolló el programa de personas mayores que apostó de forma pionera por los centros de día como uno de los mecanismos para tratar de aportar soluciones.

El primero de estos centros fue El Caliu, que se abrió el 17 de noviembre de 1986 en la calle Banys Vells, con el objetivo de cubrir necesidades básicas de las personas mayores, un sector de la población invisible en muchos ámbitos de nuestra sociedad.

¿Qué es un centro de día?

Los centros de día eran entendidos como unidades terapéuticas y sociales de barrio para acoger a personas mayores que estaban pasando dificultades generadas principalmente por problemas físicos, psíquicos, económicos, sanitarios, alimentarios o habitacionales. En estos se podía ofrecer una vigilancia médica y asistencial permanente y un trabajo reeducativo y readaptativo, a partir de abrir un espacio de reunión que ayudaba a la sociabilización con otras personas y el entorno del barrio. En su conjunto era un recurso que posibilitaba la integración en la vida comunitaria y frenaba los procesos de aislamiento y cronificación que se estaban detectando entre mucha gente mayor.

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FOTO: Daniel Alarcón

La apertura en una zona como Ciutat Vella no fue casual en darse allí una de las medias de edad más elevadas de la ciudad con un alto porcentaje de beneficiarios del FAS y uno de los índices de carencias estructurales más agravados, especialmente en cuanto a la degradación de las condiciones de habitabilidad con pensiones y pisos pequeños, viejos y húmedos. En su primer año de vida se incorporaron progresivamente el funcionamiento diario del centro unas 30 personas mayores de 65 años provenientes del Casco Antiguo, Gótico y Barceloneta. Todas ellas habían sido atendidas individualmente por Cáritas y algunas habían participado en el programa de colonias. La mayoría se veían afectadas por la falta de recursos económicos en cobrar únicamente la ayuda del FAS, vivir en estas pensiones y viviendas de mala calidad, en entornos de soledad con muy poca o ninguna relación con sus familiares, y que en consecuencia habían generado procesos de deterioro diversos.

El centro de día, por dentro

El Caliu comenzó a funcionar de lunes a sábado de la mañana a siete de la tarde con actividades voluntarias que se adaptaban cuando las personas presentaban alguna problemática física o mental. El abanico de las mismas pasaba por un gran número de talleres y cursos de aprendizaje, excursiones y charlas periódicas, celebración de festividades y actos recreativos, ejercicios gimnásticos, memorísticos, motrices y de terapia. La posibilidad de acceder a servicios básicos como una ducha ayudó a mejorar la higiene personal de mucha gente que no disponía en sus domicilios, lo mismo que sucedía con la lavandería para aquellos que no tenían lavadoras o lavaderos. Otros que fueron muy valorados eran el servicio de podología abiertos a las otras residencias de barrio así como el asesoramiento en trámites burocráticos de renovación de documentación.

La atención diaria permitía un mejor seguimiento del suministro de medicamentos y la regulación de dietas alimentarias específicas, disponiendo respecto al ámbito de la salud de un contacto directo con el dispensario Pere Camps y el CAP de Salud Mental del distrito. El objetivo principal de toda la actividad del centro pasaba por mejorar las capacidades funcionales y emocionales que favorecieran la autonomía, la autoestima, la conciencia de grupo y la participación de estas personas. La finalidad para dar esa estabilidad y unas condiciones básicas de dignidad tenían que pasar por la atención individualizada y el respeto al proceso de adaptación específico de cada usuario a la dinámica del centro.

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FOTO: Txema Salvans (1998)

En este sentido, un elemento básico y vertebrador era el servicio de comedor con un espacio para 50 personas asistido por la Cooperativa Feines de Casa. La posibilidad de servir comida a domicilio era fundamental para muchos que vivían en régimen de pensión sin derecho a cocina, aquellos que no se podían desplazar o que simplemente querían mantener su intimidad. Este servicio normalmente suponía el primer contacto con el centro. A partir del rato de la comida y la sobremesa es por donde comenzaban a integrarse con el resto del espacio y abrirse al grupo, participar gradualmente en otras actividades e ir incrementando la estancia a medida que se sentían a gusto para acabar convirtiéndose en un punto de referencia en sus vidas.

Un equipo especializado

El equipo que gestionaba el centro estaba formado por personal especializado como coordinadoras, educadoras, trabajadoras sociales, auxiliares de geriatría, trabajadores familiares y auxiliares del hogar, además del personal auxiliar y encargado de los diversos servicios y actividades, con la ayuda inestimable de un gran número de voluntarios. Este estaba coordinado con el programa de personas mayores de Cáritas que la enmarcaba en los diversos proyectos y acciones que desarrollaba. A la vez, los propios usuarios propusieron poder celebrar una asamblea mensual y la creación de una pequeña comisión representativa de cinco personas elegibles para el grupo.

Los buenos resultados de El Caliu supusieron la semilla para comenzar a trabajar para establecer una experiencia similar en el barrio del Raval. Esta idea se vería reflejada en la apertura en febrero de 1989 del Centro de Día para Mayores El Mil·lenari en la calle Nou de la Rambla, un espacio que a partir de 2003 pasó a manos de la Cooperativa EAS y que actualmente está gestionado por la cooperativa Suara. En 2006, después de casi 19 años de estancia, El Caliu cambió la antigua sede de Banys Vells y acabó convirtiéndose a partir de octubre de ese año en el Centro de Día para Mayores del Casco Antiguo, en la calle de la Sèquia.

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Técnico del archivo histórico de Cáritas Barcelona.

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