Formación e inserción laboral / 23/01/2018

Guy Standing: “El precariado no es ni víctima, ni villano, ni héroe. Somos la mayoría de nosotros”

Publicado por: Stephen Burgen

En el contexto actual donde la seguridad laboral se está volviendo gradualmente inexistente, el voluntario de Cáritas y periodista de The Guardian, Stephen Burgen, habla con Guy Standing, autor del libro El Precariado, una nueva clase social, sobre el futuro del empleo y la renta básica, concepto éste último que está ganando cada vez más adeptos

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Foto: Ara.cat

Aunque el paro en España ha caído hasta el 16% desde un máximo de 26% en 2012, todavía es el doble de la media de la Unión Europea. En el caso de la franja de los 18-25 años, el paro roza el 40%, el más alto de la UE después de Grecia. Además, más del 90% de los puestos de trabajo creados desde la reforma de la ley laboral en 2012 han sido temporales o a tiempo parcial, incluso algunos contratos son solo de unos pocos días.

“El rechazo al estado de bienestar empezó en los 1980”, dice Guy Standing autor del libro El Precariado, una nueva clase social. “En la postguerra, la idea era aumentar la seguridad laboral. Cuando el capitalismo se convirtió en la ideología dominante en los Estados Unidos bajo la presidencia de Ronald Reagan y en el Reino Unido con Margaret Thatcher, esas seguridades fueron rechazadas por su presunta rigidez y falta de flexibilidad. Empezaba, así, el desmontaje del ‘salario social’ y la estructura del empleo se orientaba hacia trabajos a tiempo parcial o temporales y también hacia la externalización”.

El trabajo, sinónimo de coste

Los neo-liberales, afirma Standing, ven el trabajo simplemente como un coste y el objetivo siempre es bajar costes. Si la gente está preocupada por la seguridad de su trabajo, trabajará más por menos dinero y para conseguir llegar a esta situación, se necesita un mercado laboral muy ‘flexible’. Si la gente tiene miedo, trabajarán duro. “El resultado ha sido la creación de un precariado global, consistente en cientos de millones de personas sin un anclaje estable en su trabajo”.

Standing explica como en España y en otros países las empresas conservan un núcleo duro de asalariados que sí gozan de seguridad, beneficios y pensiones y, paralelamente, tienen a los precarios, que salen más baratos y son fáciles de sustituir. Además, las empresas externalizan trabajo a empresas más pequeñas, las cuales deben afrontar los costes y los riesgos. El resultado es una fuerza laboral muy fragmentada, y el único sector que está creciendo es el del precariado.

Precariado, una nueva clase social

El precariado está obligado a suplicar”, dice Standing. “Hay que pedir favores y depender de la discreción de las empresas y de los burócratas. Pero lo peor es que el precariado está perdiendo derechos sociales debido a la erosión del estado de bienestar y pierde también derechos económicos porque no puede encontrar un trabajo que corresponda a sus calificaciones. Estas personas viven al borde de una deuda insostenible. Y fácilmente pueden quedar fuera de la sociedad convencional, perder su hogar y tener problemas de salud mental”.

A pesar de las similitudes, Standing insiste en que existen diferencias fundamentales entre las primeras fases de capitalismo industrial y la fase donde estamos actualmente. Una de las diferencias principales es que en la mayoría de los casos el precariado tiene un nivel de formación superior al trabajo que puede esperar conseguir. Para el antiguo proletariado con un trabajo pagado en la industria tradicional, el antagonista era el jefe. Para el precariado, el antagonista principal es el Estado.

A pesar de todo esto, él se mantiene optimista. Cree que acontecimientos como la primavera árabe, los indignados y el movimiento Occupy fueron pasos muy importantes. “Fue una fase de reconocimiento durante el cual millones de personas, en lugar de considerarse a sí mismas como fracasados, de repente, se reconocieron como una clase emergente. Históricamente, llegados a este punto de reconocimiento, se tarda bastante tiempo en forjar una nueva estrategia, una conciencia colectiva y las capacidades institucionales para llegar a la próxima fase, que es el compromiso político”.

Para Guy Standing, la conclusión está clara: “Lo que tenemos que tener en cuenta es que el precariado no es ni víctima, ni villano, ni héroe; el precariado somos la mayoría de nosotros”.

 

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Ha trabajado 16 años como periodista en Barcelona, primero de corresponsal en España de 'The Times' y ahora como colaborador de 'The Guardian'. También trabaja de voluntario para Cáritas y Esperança, un grupo que suministra comida a las personas sin techo.

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