Familia e infancia / 28/02/2020

Familias que deciden

Publicado por: Marta Creus Albert Frago

Cuando las familias se vinculan a alguno de los proyectos del ámbito de familias e infancia de Cáritas, en ocasiones, llegan con una idea preconcebida de lo que se encontrarán: un equipo de profesionales que les explicarán: “el centro funciona de este modo, se siguen estas pautas y estos son los horarios. En esta hora puedes dejar y venir a buscar a tu hijo/hija, y estas son las actividades”. Pero la realidad que viven es muy diferente: las familias, personas adultas niños y adolescentes,  que llegan, por ejemplo, en los Centros Abiertos de Cáritas se encuentran con un equipo de profesionales que preguntan: “Qué queréis hacer? Cuáles son vuestros objetivos? Y como lo queréis hacer para acercarnos y conseguirlos?”

Esta pregunta sorprende, puesto que no estamos acostumbradas a que se nos incluya de una forma real y activa en procesos decisorios que inciden directamente en nuestras vidas. La estructura social y política que nos rodea suele decirnos como tenemos que hacer las cosas, relegándonos a espacios de decisión secundaria, reduciendo nuestra voz a confirmar o rechazar propuestas determinadas, pero en ningún caso construirlas. Qué queremos y como lo queremos hacer, son preguntas que no siempre tienen el espacio merecido.  Por eso, a las familias se les explica que la mejor forma que conoce el equipo -profesionales y voluntarias- de acompañar a sus hijos e hijas es conjuntamente con ellas, construyendo un proyecto común que dé respuesta a aquello que les ha llevado a picarnos a la puerta.

Y así empieza un proceso de participación en que las familias, personas adultas, niños y adolescentes, personas profesionales y voluntarias son sujetas activas de aquello que pasa, son personas que dan voz a aquello que piensan y que construyen conjuntamente el proyecto del que forman parte. Se las invita a participar participante.

Y es que la participación real, además de un derecho humano universal, es una herramienta de apoderamiento que no tiene edad, no entiende de diferencias de clase, cultura, religión, y protagoniza espacios de decisión en qué todo el mundo se sitúa junto al otro, sin jerarquías, si no con un objetivo común y construido desde el lugar que cada una ocupa, diseñando un camino que todo el mundo lo anda siente protagonista y co- responsable de los atajos que se cogen, siente partíceps de un mismo proyecto y siente reconocidas como tales.


El proceso es progresivo, aconteciendo una herramienta de apoderamiento en la que el crecimiento personal es intrínseco, pasando de dinámicas en qué el otro sabe el que se tiene que hacer a dinámicas en las que yo también lo sé. Así la experiencia de la participación real y activa me devuelve que soy capaz, que tengo herramientas que si tienen el espacio en el que desarrollarse emergerán,  y por tanto si lo hacen aquí las podré desarrollar también en otros entornos, saber que me refuerza y me da identidad. Porque no siempre las circunstancias sociales, estructuras políticas, y estado de bienestar permiten una participación real, puesto que no siempre están garantizados los derechos humanos universales, y estos son el pilar básico para favorecer y desarrollar procesos de participación real y efectiva.

Y es que la participación también implica sinergias, crear vínculos con el otro, saber que el otro me reconoce y yo reconozco el otro, sintiéndome a través de este reconocimiento parte activa -no pasiva- de una comunidad de la que formo parte y con la que construyo para generar oportunidades nuevas y transformadoras, que harán de mi entorno, barrio, familia, grupo social, de mi ciudad, mi pueblo, espacios que manifiestan el ejercicio de mis derechos: la libertad de opinión y decisión, el derecho de ser agente activo, el derecho como niño, adolescente joven o persona adulta a que mi palabra tenga un valor, mi voz un lugar y sea escuchada y reconocida.

Así la participación es una herramienta de transformación individual, social, comunitaria y política que permite a las personas convertirse en agentes de cambio de sus propias vidas, y del entorno que las acompaña, ejerciendo libremente los derechos que  como personas nunca tenemos que dejar de lado: dar vida a la palabra.

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Asesora del programa de familias e infancia de Cáritas Barcelona.

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