Acogida y acompañamiento / Voluntariado / 26/01/2026

Acoger para abrir caminos

Publicado por: Carlos Kotnik

Desde hace más de siete años, Montserrat es voluntaria de Cáritas Diocesana de Barcelona y acoge a personas migrantes en su casa, una decisión que ha marcado su día a día y su manera de entender el voluntariado

Cuando Montserrat Lluveras decidió abrir la puerta de su casa a personas migrantes, no buscaba compañía ni una experiencia puntual. “Yo no quiero tener a una persona siempre aquí. No es eso. Quieres ayudar, abrir un camino, y luego el trayecto lo tienen que hacer ellos”, explica. Se jubiló en 2015 tras una larga carrera profesional como química. Ese momento de cambio la empujó a implicarse en proyectos sociales. “Al principio lo pensaba para mí, necesitaba hacer un voluntariado, sentirme útil. Pero cuando conoces a las personas, sus problemas, ya no lo haces por ti, lo haces para que esa persona tire adelante”, detalla.

Acoger a personas migrantes no es una decisión improvisada. Montserrat lo tiene claro: “Yo no abro la puerta y digo entra al primero que pasa. Tiene que haber una entidad detrás, una estructura que acompañe”. En este sentido, el papel de Migrastudium y también de Cáritas ha sido esencial en la orientación, la derivación de casos y el seguimiento, especialmente en situaciones de urgencia.

Las acogidas son temporales y forman parte de un proceso más amplio de acompañamiento hacia la autonomía. “Es el primer paso. No se trata de que se queden aquí, sino de que puedan estudiar, disponer de los papeles, encontrar trabajo y continuar”, explica.

A lo largo de los años, Montserrat ha acogido a diversas personas procedentes de países como Honduras, Perú, India o Nigeria. No todas las vivencias han sido fáciles, pero todas han sido significativas. “La gente joven tiene muchas ganas de salir adelante, de adaptarse, de aprender el idioma. Con la gente mayor, a veces, cuesta más estabilizarse”, reflexiona.

A pesar de las tensiones puntuales y de las incertidumbres legales que a menudo rodean los procesos de acogida, el balance es positivo. “Me gusta mucho hacerlo. Si no, no lo haría”, afirma. Para ella, la acogida no es solo una ayuda puntual, sino una manera concreta de defender la dignidad de las personas migrantes.

A quienes se estén planteando acoger, les recomienda reflexionarlo bien, hablarlo con el entorno y no hacerlo en solitario. “Hay mucha gente mayor que vive sola y podría acoger, pero también es normal tener miedo. Por eso es importante sentirse acompañado y tener apoyo”.

La experiencia de Montserrat pone de relieve el valor de la acogida como herramienta de inclusión y como respuesta comunitaria ante las migraciones. Abrir una puerta puede ser el primer paso para que una persona recupere estabilidad, derechos y esperanza. “Al menos ayudas un poquito. Abres caminos”, añade. Y en estos caminos compartidos, tanto quien acoge como quien es acogido salen transformados.

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Estudiante de periodismo y comunicación corporativa. En prácticas en Cáritas Diocesana de Barcelona.

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