Sin hogar y vivienda / 07/11/2020

Jóvenes migrantes, un nuevo sinhogarismo

Publicado por: David Vázquez

La última diagnosis de la XAPSLL (Xarxa d’Atenció a Persones Sense Llar) de Barcelona nos alertaba del aumento de los jóvenes en situación de calle en Barcelona, ​​un 17,9% del total de la población sin hogar en la ciudad.

Un factor para entender este crecimiento tiene que ver con los procesos migratorios de los últimos tres años, sobre todo de jóvenes menores de edad provenientes de Marruecos.

Este fenómeno, además de colapsar el sistema de protección y los servicios sociales, ha provocado que según la DGAIA (Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia) un 40,7% del total de jóvenes acogidos en centros residenciales de menores ya sean mayores de 18 años, con una prórroga de estancia para evitar que se encuentren en una situación de calle.

Los jóvenes tutelados por la administración son especialmente vulnerables al sinhogarismo. Las medidas de protección de la DGAIA finalizan cuando los jóvenes cumplen 18 años, y las necesidades económicas, de vivienda, educativas y psicológicas pasan a depender de sus recursos individuales. En algunos casos, la protección puede extenderse hasta los 21 años a través del ASJTET (Área de Apoyo a jóvenes tutelados y extutelados), pero en otros, las solicitudes de los jóvenes pueden ser rechazadas, por lo que estos pueden convertirse fácilmente personas sin hogar.

Desde el proyecto de Jóvenes Migrantes de Càritas, acompañamos de manera integral a una veintena de jóvenes distribuidos en 4 pisos en la ciudad de Barcelona. La necesidad de apoyo y de autonomía está muy presente en estos jóvenes, y en algunos casos se encuentran en el origen de la trayectoria hacia el sinhogarismo. En general, los jóvenes tienen vínculos familiares y afectivos poco estables. La necesidad de apoyo es superior a la del resto de chicos de su edad, por lo que deben ser estimulados y respetados desde la intervención y las políticas públicas.

Sin el apoyo de la administración, las condiciones de vida de estos jóvenes difícilmente mejorarán. La ley de extranjería, la burbuja del alquiler o la precariedad laboral son solo tres ejemplos de vulneraciones de derechos. Trabajar puede convertirse en un deseo inalcanzable en el caso de los jóvenes ex tutelados. De acuerdo con la Ley de extranjería, un joven extutelado con permiso de residencia que quiera tramitar el permiso de trabajo tendrá que conseguir un contrato de un año de duración a jornada completa, un hito prácticamente imposible. Es necesaria una oferta de trabajo para obtener el permiso de trabajo, pero las empresas no contratan sin este permiso. Un pez que se muerde la cola.

El número de personas y de jóvenes sin hogar no ha dejado de crecer, y evidencia las limitaciones de la respuesta asistencial. Hay que seguir buscando estrategias preventivas y políticas coordinadas para cambiar los obstáculos legales que continúan llevando a la ciudadanía a vivir en la calle.

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David Vázquez, responsable del proyecto Jóvenes Migrantes de Cáritas Diocesana de Barcelona

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