Personas mayores / 30/09/2020

La soledad y el aislamiento, los grandes enemigos de las personas mayores

Publicado por: Carme Gargallo

La Covid llegó de golpe. Sin ningún aviso, y de un día para otro todas las actividades que funcionaban al 100% se pararon..

En Cáritas, desde el minuto cero nos organizamos para adaptarnos a la nueva situación a nivel general, sin saber cuánto duraría, ni como afectaría a las familias o a las personas sin hogar. Todos los servicios de Cáritas se movilizaron para hacer frente a la nueva situación, de efectos sociales incalculables. Desde el Programa de Gente mayor, el reto fue importante, preocupados sobre todo por las personas mayores que viven solas y sufren alguna dependencia.

La mayoría de las personas mayores que atendemos en Cáritas no tenían un problema de carácter económico, porque las pensiones se continuaban cobrando y podían comprar alimentos y pagar la vivienda, pero la preocupación más importante era saber como podríamos estar a su lado, como podríamos hacer frente a su soledad, como podríamos atenderlos en las situaciones de dependencia para que recibieran las atenciones mínimas imprescindibles.

Càritas, Tramat de vida, Hospitalet

Cómo todo el mundo, las personas mayores quedaron desconcertadas, y por la TV y radio escuchaban las noticias que remarcaban la crueldad del virus con las personas mayores, y la importancia de no salir de casa. Los primeros días, quedarse a casa fue fácil: muchos de ellos, habitualmente, ya salen poco; pero enseguida surgió la inquietud de saber cuántos días duraría y, sobre todo, cómo lo harían para salir a comprar, para bajar la basura, para ir a las visitas médicas que tenían programadas desde hacía tanto tiempo… y todavía más grave: cómo podrían continuar el día a día sin el apoyo de la Trabajadora Familiar que los ayuda a ducharse para evitar caídas, que los ayuda a hacer la comida, comprar o lavarse la ropa.

Después de conocer la situación de cada uno, hizo falta actuar rápidamente. Las Trabajadoras Familiares, aún y las dificultades de aquellos días, continuaron haciendo los servicios esenciales a las personas que estaban solas y no tenían ningún familiar o vecino que les pudiera ayudar. Su tarea fue importantísima para estas personas mayores, para ir a comprar, hacer la comida, ayudarlos con la higiene personal, o con el control de la medicación.

No había más remedio que reiniciar los servicios con todos los equipos de protección adecuados, ya que para todas estas personas mayores dependientes, los servicios de las Trabajadoras Familiares era el único contacto con el mundo, el cordón umbilical que los permitía seguir (subsistiendo) con su cotidianidad. La atención hecha se puede considerar un éxito, porque, a día de hoy, ninguno de estos residentes en viviendas compartidas ha cogido la Covid, por lo que podemos considerar que ha sido un buen modelo de funcionamiento si tenemos en cuenta la crueldad con que la covid ha afectado a las personas mayores,

Desde aquí dar las gracias y el máximo reconocimiento a estos profesionales que hicieron un servicio presencial, y por su dedicación durante todos estos meses. Las circunstancias no fueran fáciles, pero así cumplieron con su trabajo no solo con una gran profesionalidad, sino con una gran humanidad.

Todo el trabajo desarrollado ha dado muchos frutos, y algunos de nuevos. Durante este tiempo, nació un Proyecto de Acompañamiento Telefónico a personas que vivían en casa, y necesitaban este apoyo. También ha sido muy interesante poder hacer la revista ‘Compartim’, con un monográfico sobre las vivencias de la Covid de las personas mayores, voluntarios y profesionales. Y los días de más confinamiento, el «voluntariado al rellano», llevando la compra y ofreciendo conversación, para las personas que no podían salir de casa.

La Covid nos ha puesto a prueba como sociedad. Quizás un aspecto positivo es que ha hecho resurgir la «buena vecindad»: muchas personas mayores han podido restablecer contactos con vecinos que les han hecho compras, bajado la basura, o ido a la farmacia. La pandemia ha puesto a prueba muchos de los aspectos sociales, y más allá de las cuestiones sanitarias, hay todos unos efectos en las personas mayores que atenderemos dando respuesta a las nuevas necesidades que están surgiendo.

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Responsable del programa de personas mayores de Cáritas Diocesana de Barcelona.

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