Una treintena de personas participaron en una sesión formativa en el Centro Sant Pau de Cáritas en Mataró para profundizar en la realidad de las personas sin hogar y en las claves para acompañarlas con dignidad

El jueves 26 de febrero de 2026 el Centro Sant Pau de Cáritas en Mataró acogió una charla formativa sobre el acompañamiento a personas en situación de sinhogarismo. La sesión, organizada por Mar Galceran con el apoyo de Marta Clusellas, trabajadoras de Cáritas, tenía como objetivo ofrecer herramientas para comprender mejor esta realidad y reflexionar sobre cómo acercarse a las personas que viven en la calle.
El sinhogarismo es un fenómeno complejo y en aumento. En Mataró, alrededor de unas setenta personas malviven actualmente en las calles de la ciudad, una cifra que en algunos momentos se ha acercado al centenar. La crisis de la vivienda, el aumento del coste del alquiler y diversas situaciones de vulnerabilidad social han contribuido a acentuar esta realidad.

En los últimos años, la presencia de personas durmiendo en la calle se ha hecho más visible en distintos puntos de Mataró, tanto en espacios públicos como en rincones más ocultos. En algunos casos se trata de personas que viven solas a la intemperie y, en otros, de pequeños asentamientos improvisados con tiendas o estructuras precarias. Este contexto genera preocupación entre entidades sociales y voluntariado, que constatan la necesidad de entender mejor las causas del sinhogarismo y de ofrecer respuestas más adecuadas.
Durante la sesión formativa se profundizó en qué significa vivir una situación de sinhogarismo y en las diferentes formas de exclusión residencial. Las personas participantes reflexionaron sobre la diferencia entre ser y estar, los estereotipos que a menudo rodean esta realidad y los factores de vulnerabilidad asociados, especialmente en el caso de las mujeres, que afrontan un mayor riesgo de sufrir violencia.
También se compartieron algunas orientaciones prácticas para el acompañamiento, como reconocer a la persona por su nombre, establecer relaciones de igualdad, respetar los ritmos de cada uno y evitar proyectar expectativas. Actuar desde el respeto, la paciencia y la claridad en los límites es esencial para construir vínculos y generar confianza.

La formación puso el acento en la necesidad de pasar de una respuesta centrada únicamente en la asistencia a un modelo basado en el acompañamiento integral, orientado a dignificar a las personas y favorecer procesos de empoderamiento.
El reto debe ser colectivo. Es necesario construir comunidades más acogedoras e inclusivas, ya que el sinhogarismo no es solo una situación individual, sino también el resultado de procesos sociales que rompen vínculos y dejan a personas fuera de la red de apoyo comunitario.
Por ello es imprescindible dar voz a las personas que viven esta realidad y generar espacios de participación donde puedan expresar sus necesidades y reivindicar unos derechos que con demasiada frecuencia se ven vulnerados.

