Opinión / 09/03/2026

8M: Por una igualdad real

Publicado por: Míriam Feu

El 8 de marzo nos recuerda cada año que la igualdad real entre mujeres y hombres no es solo una aspiración, sino un compromiso colectivo que todavía está lejos de haberse alcanzado plenamente. Los datos nos interpelan y nos obligan a mirar la realidad con honestidad. A menudo, esta realidad muestra que las desigualdades de género siguen presentes, también en los procesos de exclusión social.

El Informe FOESSA Cataluña 2024 nos ofrece una radiografía clara. Si observamos solo los datos individuales, podría parecer que el género no es un factor determinante, ya que la prevalencia de la exclusión social es ligeramente superior en los hombres (17,9%) que en las mujeres (16,1%). Pero esta lectura cambia radicalmente cuando ampliamos el foco y analizamos los factores estructurales que condicionan las trayectorias.

Cuando observamos los hogares, por ejemplo, aparece una realidad diferente. Los hogares encabezados por mujeres presentan una tasa de exclusión del 19,5%, frente al 16,2% de los hogares encabezados por hombres. Detrás de esta diferencia hay una razón que la explica: la responsabilidad económica y de cuidados que a menudo recae sobre muchas mujeres. Cuando estas responsabilidades se concentran en una sola persona, el riesgo de vulnerabilidad aumenta.

La situación es aún más evidente en los hogares monoparentales. En estos casos, la exclusión social afecta al 32,7% del total. Sabemos que la gran mayoría de estos hogares están encabezados por mujeres, que deben asumir en solitario tanto el sostenimiento económico como las tareas de cuidado. Esta realidad evidencia que el sistema social, laboral y de cuidados todavía no está lo suficientemente preparado para garantizar la igualdad de oportunidades.

El mercado de trabajo también refleja esta desigualdad estructural. Según el informe, ser mujer multiplica por tres la probabilidad de sufrir precariedad laboral objetiva. La concentración femenina en sectores feminizados, como los cuidados, la limpieza o determinados servicios, sigue asociada a salarios bajos, poca estabilidad y limitadas posibilidades de promoción profesional.

Esta situación también se explica porque muchas mujeres siguen cobrando menos y porque las tareas domésticas y de cuidados todavía se reparten de manera desigual. Muchas mujeres deben compatibilizar su trayectoria laboral con estas responsabilidades, a menudo sin el apoyo suficiente de políticas públicas que garanticen una conciliación real.

Otro elemento preocupante es la normalización de la precariedad. El 31,8% de las mujeres en situación de precariedad laboral objetiva no perciben inseguridad en su trabajo, frente al 19% de los hombres. Este fenómeno, que algunos estudios describen como el “suelo pegajoso”, refleja hasta qué punto la precariedad se ha integrado como una condición casi habitual en determinados sectores altamente feminizados.

Cuando añadimos otros factores de vulnerabilidad, las desigualdades se hacen aún más evidentes. Las mujeres de origen migrante, por ejemplo, tienen cuatro veces más probabilidades de caer en exclusión social que las mujeres autóctonas. Esta realidad pone de manifiesto una doble discriminación que combina género y origen, y que requiere respuestas específicas desde las políticas públicas y desde la sociedad.

Por todo ello, el 8 de marzo no es solo una jornada de conmemoración, sino también de reivindicación. Los datos nos recuerdan que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real. Las estructuras sociales, laborales y familiares siguen generando desigualdades que afectan especialmente a determinados perfiles de mujeres.

Avanzar hacia una sociedad más justa implica reforzar las políticas de apoyo a las familias, garantizar un sistema de cuidados más equitativo, combatir la precariedad laboral y reducir las desigualdades salariales. Pero también implica un cambio cultural profundo que reconozca y valore el papel de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social.

Este 8M es, por tanto, una nueva oportunidad para recordarlo. La igualdad no es solo una cuestión de derechos, sino también de cohesión social. Y mientras haya mujeres que deban afrontar más obstáculos simplemente por el hecho de serlo, la lucha por la igualdad seguirá siendo necesaria.

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Economista. Secretaria General de Caritas Catalunya.

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