Migración / 07/08/2015

Bassirom Balde: “No hay personas racistas sino personas ignorantes, que no son conscientes de la realidad”

Publicado por: Cáritas Diocesana de Barcelona

Emigrar a otro país, especialmente si éste es considerado del Sur, significa cruzar fronteras físicas pero también superar otros obstáculos que son invisibles. Prejuicios, estereotipos, rumores, etc. levantan constantemente el muro del nosotros y ellos, una pared que se eleva tanto por las dificultades de adaptación de las personas que llegan procedentes de otros países como por los miedos de los originarios de aquí. Lo constata la experiencia vivida por Bassirom Balde, que se marchó del Senegal cuando sólo tenía 9 años y que desde principios de los 90 vive en España, donde acabó recalando después de un periplo que lo llevó primero a Francia y a Libia. “Es necesario tomar conciencia de que la convivencia sólo se producirá si unos y otros ponemos de nuestra parte. Los inmigrantes tenemos que estar abiertos, receptivos a la cultura y a la gente que nos recibe, y los de aquí, por su parte, también deben de poder entender la multiculturalidad y todo lo que acarrea”, explica Balde.

La suya es una historia con un final feliz. Una excepción inspiradora de entre los miles de viajes migratorios que a diario protagonizan la actualidad. Balde decidió emigrar en busca de una vida mejor cuando era un niño, y por las vicisitudes que vivió la adultez le sorprendió antes de tiempo: “Tuve que atravesar la selva hasta Gambia y desde allá acabé en Dakar. Viví en la calle durante 4 años, alimentándome de los restos de la basura. Por suerte, una familia francesa que trabajaba en Naciones Unidas me ayudó, me salvaron la vida. Los domingos me daban la comida para toda la semana. Otra familia, también de Francia, me “adoptó”. Me trajeron con ellos, me matricularon a una escuela y me pagaron la universidad. Hice Periodismo, la rama de audiovisual”. Balde explica que, una vez terminada la formación, quiso independizarse y salir al mundo: “Comprendí que aquella familia ya había hecho suficiente. Empecé a viajar, buscándome la vida, hasta llegar a Libia, a Trípoli, y acabé trabajando a una embajada.

De Libia marchó hacia España, donde trabajó primero recogiendo piñas en el Maresme y posteriormente en la TV de Mataró. Una odisea que lo ha forjado como persona y que da luz a un testigo de fe y realismo para aquellos y aquellas que atraviesan países huyendo a otros con la esperanza de una vida mejor. En ese contexto sí palpé la discriminación por ser negro, a pesar de que a mí, al trabajar con diplomáticos, no me trataban despectivamente”. En este sentido, Balde reflexiona sobre los matices de los estereotipos: “No es lo mismo un negro que emigra con patera que otro que llega a nuestro país fichado por un equipo de fútbol o de baloncesto. Son percibidos de forma diferente”. Para él, la educación es la clave: “No creo que haya personas racistas sino personas ignorantes, que no son conscientes de la realidad”. 

Esta historia ilustra la charla que lleva por título Fronteras interiores (leerla aquí) que la responsable de Migraciónn de Cáritas Diocesana de Barcelona, Imma Mata, impartió en el marco de la conferencia Somos migrantes. Este espacio de reflexión quería poner voz a la exposición que lleva el mismo título y que se podrá ver hasta el 30 de agosto en el Caixaforum de Barcelona. Imma Mata, en su intervención, destacó que “como sociedad tenemos que luchar por conseguir los mismos derechos y deberes, y para que se nos trate con la misma dignidad”. Éste es uno de los mensajes de la muestra Somos migrantes, que quiere ilustrar, a través de diferentes fotografías, el drama de las personas inmigrantes al cruzar las fronteras de México en los EE.UU. y la del Marruecos al Estado español (conocida como la Frontera Sur).

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