Institucional / 15/07/2019

Una herida abierta y profunda

Publicado por: Míriam Feu

La crisis ha dejado una herida que no cicatriza. A pesar de que llevamos cinco años de supuesta recuperación económica, desde Cáritas constatamos que las desigualdades que se produjeron durante la recesión económica aún no se han revertido

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La herida aún está abierta y es más profunda en las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Los menores que hoy no tienen las necesidades básicas cubiertas tendrán menos posibilidades de prosperar en el futuro, y aquellas personas que no han podido cotizar los años suficientes tendrán una vejez más difícil.

La desigualdad, por tanto, sigue bien presente, y el ascensor social que antes permitía una mayor igualdad de oportunidades está averiado. Las personas que acogemos desde Cáritas viven una gran fragilidad, y acumulan cargas en forma de factores de exclusión. Las que tienen un trabajo que no les permite llegar a fin de mes no gozan de una mínima estabilidad, y aquellas que huyen de sus países de origen por situaciones de violencia o inestabilidad económica deben empezar de cero. Otras problemáticas son comunes, como la dificultad de acceder a una vivienda digna o no contar con una protección social suficiente cuando se necesita.

Además, nos encontramos con una sociedad donde la exclusión social se ha enquistado, tal y como nos dice el último Informe sobre exclusión y desarrollo social de la Fundación Foessa, y donde nos tenemos que replantear los retos sociales a los que nos enfrentamos: la fragilidad y el cambio demográfico, el incremento de la necesidad de los cuidados a lo largo de nuestro ciclo vital, la desigualdad como respuesta a la salida de la crisis o una democracia sin densidad social. Estos riesgos sociales nos llevan hacia una sociedad insegura, donde la herida de la desigualdad no cicatriza.

Desde Cáritas intentamos curar la herida, y durante este 2018 hemos acompañado 13.225 hogares donde viven 28.080 personas, hemos destinado alrededor de 4 millones de euros para cubrir necesidades básicas y hemos ayudado a más de 1.400 personas a encontrar un trabajo. Con todo, nuestra tarea sería imposible sin el apoyo de tantas otras entidades con las que trabajamos conjuntamente para construir una sociedad más justa y cohesionada, así como con nuestros 7.494 socios y donantes.

Descárgate la memoria 2018 aquí

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Economista. Responsable del departamento de Análisis Social e Incidencia de Cáritas Diocesana de Barcelona.

1 comentario

  1. El Maestro de Galilea nos insta a oponernos dignamente a los ataques injustos combatir el mal en este mundo. Por motivos éticos, morales y religiosos, los católicos tenemos sin duda, la obligación de desarrollar una resistencia tenaz, no violenta y eficaz contra las lacerantes desigualdades que el sistema político, social y económico produce y agudiza y todo ello en medio del lujo más insultante y superfluo. Desde luego, Caritas es ejemplo aunque en mi opinión, deberíamos utilizar siempre el lenguaje adecuado, prescindir de expresiones ambiguas tales como “riesgo de exclusión”, “situación de vulnerabilidad”, “pobreza energética” y similares; en suma, llamar a las cosas y situaciones por su nombre, a saber, miseria, pobreza, indigencia… y denunciar sin reparos que la causa de tanto dolor no es otra que la misma existencia del actual sistema cuyo valor supremo no es otro que el escandaloso lucro de una exigua minoría. Y, en definitiva, no olvidar jamás que hay una relación directa entre estas fortunas impensables y la inmolación de tantas personas pues es innegable que el sacrificio de estas es presupuesto necesario para que se den aquellas. Entiendo que es de suma importancia ganar “la batalla de las ideas”. Sugiero que empecemos por algo aparentemente tan sencillo como el lenguaje.
    Con fraternidad.

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