Opinión / 03/02/2026

Un nuevo nosotros, el sueño de Jesús

Publicado por: Cáritas Diocesana de Barcelona

Los relatos dibujan nuestras posibilidades. Los sueños muestran los escenarios posibles para nosotros. Por eso es importante tomar conciencia de qué relato estamos viviendo y explicando

Por naturaleza, biológica y psicológica, las personas tenemos la tendencia a cuidar de nosotros mismos y a proteger a quienes consideramos que forman parte de «los nuestros». «Los nuestros» pueden ser la familia, las amistades, los del mismo equipo de fútbol o del mismo país. Necesitamos grupo para poder existir. Necesitamos saber que formamos parte. Necesitamos reconocer y ser reconocidos para poder crecer y compartir quiénes somos. Necesitamos la pertenencia a una comunidad.

Hacer comunidad es un reto. Y es un reto porque los grupos chocan con la fragilidad y la imprevisibilidad de la vida, de las personas y de la propia. La vida, las personas y yo misma somos frágiles e imprevisibles. Y el futuro es desconocido. Ante la incertidumbre, surgen los relatos que quieren orientar la existencia.

Algunos relatos hablan de la necesidad del poder y de la fuerza para dominar la realidad. La realidad incontrolable necesita ser domesticada. Quien no responde como yo lo hago, o como espero que lo haga, es señalado como otro. Y excluido del grupo, de los míos.

La creación del otro dice: «tú eres diferente, no formas parte de mí». A veces también dice: «eres un peligro para mí, para mi identidad, para mi vida». Y por eso te excluyo, hago como si no existieras o hago que no existas. Esto puede hacerse de manera clara y violenta, como ocurre con las personas inmigrantes que intentan llegar a Europa o que malviven en nuestras ciudades. O puede hacerse de manera menos evidente, negando la plena humanidad, como cuando se dice: «perteneces, pero no tienes derecho a un contrato laboral, a ser una persona como cualquier otra».

El hecho de pertenecer y no ser de los otros da una sensación —falsa— de identidad y de seguridad. Sin embargo, los relatos de separación y de creación del otro lo que hacen es generar miedo y ansiedad. Y muerte.

Jesús de Nazaret vivió en un mundo dividido bajo la opresión romana y bajo la deriva religiosa de su tiempo. En el Imperio romano solo los ciudadanos romanos, varones, eran sujetos de derecho. Mujeres, niños y esclavos eran otros. Para el mundo judío, algunas enfermedades, como la lepra, te expulsaban del grupo. Ser pecador era una categoría social que te separaba. Las mujeres y los niños, literalmente, no contaban.

En este contexto, Jesús propone un nuevo relato. Jesús tiene una pasión: el Reino de Dios, hecho de un Amor que da vida a todo ser vivo, manteniendo unida toda la creación en ese Amor. Jesús sabe que toda criatura es hija del Padre amoroso y que todos pertenecemos al mismo impulso creador. Jesús muestra la dignidad irreductible de todo ser humano, sin categorías, sin exclusiones. Jesús invita a encontrarse con quien aún no conocemos, como él hizo con los otros de su tiempo: mujeres, paganos, pecadores… Jesús muestra que pertenecemos, junto con la madre tierra, a una unidad que nos es dada, que es de Dios. Somos uno. Pero no somos uno solo los buenos, algunos. Somos uno los que pasan hambre, los que están en la cárcel, los enfermos, los forasteros… «y la hermana tierra y la hermana luna», dirá Francisco siglos más tarde.

Jesús invita a volver a nacer. Si con el primer nacimiento cuidamos solo de los nuestros, con el segundo nacimiento aprendemos a ver y a ir hacia el otro, el diferente. Con el nuevo nacimiento aprendemos a reconocer lo sagrado en todo ser vivo, así como en nosotros mismos, y ello nos hace salir de nuestros esquemas excluyentes para descubrir y conocer al otro. Amar no es un sentimiento. Amar es una elección, es una opción, es la acción que me impulsa a interesarme y a conocer al otro, a todo otro. Y, con el otro, crear un nuevo nosotros, más rico y cada vez más amplio.

El miedo conduce al cierre, a la desconfianza y a la violencia. Y apaga la audacia del sueño, del amor, de la riqueza de la diversidad… Por eso necesitamos contar nuestro relato, que es una historia de amor que impulsa hacia adelante, con fuerza, nuestro mundo, a pesar de todo. Necesitamos creatividad, experimentar, confianza y perseverancia. La nuestra es una historia en la que todo ser humano es reconocido con su dignidad. En la que todos pertenecen.

Podemos sembrar futuros diferentes según nuestro relato. Ante la imprevisibilidad y la fragilidad de la vida, de los otros y de la propia, Jesús confía en la promesa del Padre: el otro es siempre una hermana, un hermano por conocer y con quien construir un nosotros nuevo, siempre más grande.

PS. Para los conceptos de otro y pertenencia, véase John A. Powell.

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