Formación e inserción laboral / 07/05/2019

La lucha contra el paro, una prioridad histórica

Publicado por: Joan Montblanc

La primera herramienta de inserción laboral que impulsó Cáritas en los años 80 fue la promoción de cooperativas

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Foto: Cooperativa Feines de casa entrega comida a domicilio / 1995

Entre finales de los años setenta y principios de los ochenta las cifras del paro llegaron a unas dimensiones nunca vistas que evidenciaban la consolidación en nuestra sociedad de este problema estructural. El Servicio de Ayuda Económica de Cáritas y los informes de las trabajadoras sociales alertaban que más de un 60% de las personas que atendían sufrían problemáticas directamente relacionadas. En sus informes se reflejaba como el paro no sólo suponía una afectación laboral directa en forma de despidos, parados que agotaban el subsidio o estaban pendientes de cobrar o no recibían ninguna ayuda, sino que se traducía en unas consecuencias sociales que afectaban a todo el entorno familiar. La falta de empleo castigaba a las familias principalmente en forma de deudas, desahucios, cortes de suministro, falta de alimentos y escolarización de los niños, y en algunos casos podía desembocar en situaciones personales de adicción, delincuencia, indigencia, trastorno mental,…

La alarma ante esta realidad supuso que a finales de 1980 apareciera la carta colectiva de los obispos catalanes El paro, escándalo y desafío de nuestro tiempo que fue el detonante de la difusión en abril de 1981 de Llamamiento urgente a la solidaridad cristiana. Esta iniciativa, promovida por varias comunidades y entidades eclesiásticas, pedía la creación de un Fondo de Solidaridad y emprender acciones concretas para luchar contra el paro y sus consecuencias. Es en este contexto cuando en enero de 1982 Cáritas Diocesana de Barcelona inició la primera Campaña contra el Paro, que se repitió hasta el 1999, y dos meses después creó el Servicio de Paro, antecedente del actual programa de formación e inserción laboral.

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Foto: Reparto de comida de la cooperativa Feines de casa / 1997

El Servicio de Paro y el impulso del cooperativismo

El Servicio de Paro fue el encargado de gestionar el fondo de estas campañas y planificar acciones continuadas en el tiempo con el objetivo de atender a las demandas de ayuda, concienciar públicamente sobre las consecuencias del problema y trabajar para la promoción de las personas afectadas. Desde esta perspectiva se desarrollaron tres programas específicos: uno para gestionar ayudas puntuales a necesidades concretas, otro de ayudas periódicas para situaciones de mayor duración y un tercero para las denominadas ayudas colectivas. Estas últimas querían aportar una respuesta global que fuera más allá de las ayudas económicas y fueron el marco donde se formuló la promoción de las cooperativas de trabajo como el mecanismo prioritario de inserción laboral y los cursos de formación ocupacional como la base para su construcción.

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Foto: Cooperativa Aster / 1987

En sus inicios el Servicio de Paro encontró en el cooperativismo la herramienta principal para la promoción integral de las personas dentro del ámbito laboral. Su funcionamiento horizontal y la corresponsabilidad entre los socios lo hacían idóneo para fomentar los principios de solidaridad, autogestión y servicio a la comunidad que querían promocionar desde el programa. A la vez, se planteaba como un marco propicio donde acoger colectivamente a personas con dificultades de incorporarse al mundo laboral, ya fuera porque no tenían conocimientos o actitudes, llevaban tiempo sin trabajo o no lo habían tenido nunca. Sin embargo la creación de estas cooperativas no fue una tarea sencilla, era necesaria una formación previa de sus asociados, tanto en el trabajo específico que querían desarrollar como en la asunción de los propios valores cooperativos. Además, a pesar de los muchos sacrificios iniciales tampoco tenían asegurada la viabilidad económica dentro de un marco capitalista con valores y objetivos bien diferenciados, pero, aún así, algunas lo consiguieron y han llegado hasta nuestros días.

Siete cooperativas para mejorar la ocupación

Este impulso cooperativista coincidió con un período en el que se produjo un resurgimiento en toda Cataluña. El traspaso a la Generalitat de las competencias laborales y el desarrollo de un marco legislativo favorable posibilitaron que en el periodo 1982-1985 se crearan más de 4.000 en todo el país. Entre estas encontramos las cinco primeras impulsadas por Cáritas que fueron pioneras en el ámbito de las cooperativas de iniciativa social basadas en la inserción laboral de colectivos desfavorecidos. La experiencia comenzó a partir de los cursos de formación con personas sin trabajo que se habían dirigido a Cáritas organizados en el local de la calle Aurora de Barcelona. Allí tomaron forma en 1982 las Cooperativas Net y Feines de Casa, la primera dedicada a tareas de limpieza industrial y mantenimiento, y la segunda, conformada íntegramente por mujeres, especializada en la atención domiciliaria. Posteriormente, aparecerían Polit, dedicada al mantenimiento y obras domiciliarias, la Cooperativa Ripoll de Sabadell, para almuerzos escolares y atención en el hogar, y en L’Hospitalet Escorrialles en el ámbito de la clasificación y reciclaje.

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Foto: Feines de Casa en la cocina de la Barceloneta / 1995

Uno de los inconvenientes pasaba por la humilde capacidad presupuestaria que les dificultaba mucho ser viables económicamente y alcanzar el objetivo de su total autonomía respecto de Cáritas. Originariamente esta dependencia no se pudo limitar a las ayudas para empezar a funcionar sino que supuso que durante muchos años fuera el principal cliente. En este sentido, desde Cáritas se aprovechó esta situación para intentar resolver las necesidades de otro colectivo desfavorecido que estaba recibiendo una atención prioritaria y por el que el mismo 1982 se había creado también un programa específico: las personas mayor. Gracias a su atención domiciliaria algunas cooperativas pudieron desarrollarse e, incluso, dieron lugar a la creación de nuevas a medida que estas atenciones especializaban (Auxiliares de Geriatría, Trabajadoras Familiares, Cocineras, Educadores). El desarrollo de los servicios sociales públicos y el incremento de la red de centros de atención social, públicos y privados, posibilitaron el crecimiento, la autonomía y la subsistencia de muchas de ellas.

La necesidad de formación professional

No tuvieron tanta suerte aquellas cooperativas dedicadas a la confección, como Aster y Gavà-Stil, creadas en 1987 y que se convirtieron en las últimas impulsadas desde Cáritas. La experiencia de los primeros años del Servicio de Paro constató que la mayoría de personas atendidas necesitaban principalmente formación profesional y que muchas no tenían tampoco la necesaria para integrarse en un marco cooperativo o preferían poner en marcha proyectos de autoempleo. Es así como el programa se decantó gradualmente hacia la organización de cursos de formación básica y ocupacional que serían la base de su desarrollo a partir de la década de los noventa.

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Foto: Feines de Casa, reparto de comida / 1987

Lejos de conclusiones triunfalistas ante la afectación que el paro supuso y supone para miles de personas, el Servicio de Paro hizo un balance positivo de la experiencia cooperativista. En los años en que se fomentó se crearon siete cooperativas que dieron trabajo permanente a más de 150 asociados que a su vez pudieron emplear a otros cientos de personas. Por otra parte, las ayudas al cooperativismo no se limitaron únicamente a las impulsadas desde Cáritas sino que se cuantificaron en cerca de cincuenta, en Barcelona y el área metropolitana, las cuales recibieron apoyo en sus procesos de creación, financiación, fomento y mantenimiento de puestos de trabajo, formación, asesoramiento y equipamientos. La existencia y el reconocimiento hoy en día de muchas de ellas es una constatación de que el cooperativismo lleva décadas siendo una respuesta válida.

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Técnico del archivo histórico de Cáritas Barcelona.

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