Existen documentos que no solo cuentan el pasado: también revelan una manera de mirar el presente. Los estudios conservados en el Archivo de Cáritas Diocesana de Barcelona son un buen ejemplo de ello. A mediados de los cincuenta, en una diócesis que crecía rápido y acumulaba desigualdades, Cáritas comenzó a transformar su acción social. Sin abandonar la ayuda directa, dio un paso decisivo hacia una intervención más planificada y comunitaria. Se trataba, en palabras de la época, de pasar “de lo puramente benéfico a lo propiamente social”

Este giro tomó forma con la creación del Departamento Social y, sobre todo, de la Sección de Estudios. Observar los barrios, escuchar a las familias, recoger datos e interpretarlos eran pasos imprescindibles para actuar con rigor. La pobreza dejaba de ser vista solo como una suma de casos individuales y empezaba a entenderse como una realidad social que era preciso analizar y visibilizar.
La figura de Rogel·li Duocastella (jefe de las secciones sociales) y la Semana del Suburbio de 1957 marcaron un punto de inflexión. Por primera vez, el barraquismo y las carencias de vivienda que sufrían miles de personas quedaron documentadas con datos.

La Sección de Estudios consolidó esta forma de proceder. El Plan CCB, publicado en 1965, marcó un hito pionero en el estudio sociológico de las problemáticas sociales en el Estado, y en la diócesis de Barcelona participó un equipo de trabajadoras sociales. Ese mismo año, la Visión Sociográfica de Barcelona ofreció una radiografía inédita de la ciudad y de su área de influencia. En los años siguientes, los estudios se desplegaron sobre barrios como San Roque, El Prat, La Catalana, el Camp de la Bota, etc. y abordaron cuestiones como la migración, la marginación o la vivienda.
Con los años, esta labor ganó profundidad y proyección pública. Publicaciones como La cara amagada de l’atur (1985), Oblidats avui, marginats demà? (1986) o L’habitatge digne per a tothom, encara una utopia (1992) pusieron palabras y cifras a desigualdades persistentes. La colaboración con la Fundación FOESSA fue especialmente relevante con el informe de 1996 sobre las condiciones de vida de la población pobre de la diócesis de Barcelona que tuvo una gran repercusión mediática e institucional.

Los estudios no han sido solo una herramienta interna de planificación, también expresaban una responsabilidad pública: “Cáritas no puede callar lo que descubre en su acción cotidiana”. Esta voluntad misional de denuncia y sensibilización ha continuado a lo largo del tiempo. La crisis económica de 2008 hizo emerger nuevas vulnerabilidades como la precariedad laboral, la inestabilidad residencial o el endeudamiento familiar. Más recientemente, los estudios han puesto el foco en la pobreza energética, la brecha digital y el impacto social de la pandemia.
Hoy en día, los informes de Cáritas siguen orientando programas y servicios, pero también alimentan el debate público y la incidencia social.
Una misma idea atraviesa esta historia: conocer para actuar y explicar para transformar. Porque mirar bien la realidad es, también, empezar a cambiarla.

