Entrevista a Amèlia de Juan, responsable de Acción social, Análisis e Incidencia de Cáritas Diocesana de Barcelona

Diplomada en Trabajo Social, Amèlia de Juan acumula más de tres décadas de trayectoria en Cáritas. Actualmente, es la responsable de Acción social, Análisis e Incidencia de Cáritas Diocesana de Barcelona, desde donde trabaja para dar respuesta a los principales retos sociales del territorio.
En esta entrevista analiza las conclusiones del informe FOESSA y reflexiona sobre el impacto de la vivienda, la salud, la soledad y los vínculos comunitarios en los procesos de exclusión social.
¿Qué es el informe FOESSA?
El informe FOESSA es una fotografía de la realidad en un momento determinado. Mide varios indicadores que explican cuál es la situación de exclusión de las personas. No solo realiza una lectura económica de la realidad, como muchos otros estudios, sino que también tiene en cuenta elementos como la vivienda, las cuestiones laborales, las relaciones sociales o la participación ciudadana, entre muchos otros factores.
¿Cuáles son los principales titulares o indicadores?
Los datos se parecen bastante a los del conjunto de Catalunya, pero tenemos algunas especificidades relevantes. Por un lado, en la diócesis de Barcelona, la vivienda es uno de los principales motores de exclusión social. Vivir en la diócesis de Barcelona tiene un coste mucho más elevado que en el resto de Catalunya o en el conjunto del Estado español, y eso genera situaciones de exclusión importantes.
Otra característica específica que pone de manifiesto el estudio es la cuestión de la salud. Las personas tienen más dificultades para cubrir las necesidades relacionadas con la salud, ya sea al comprar medicinas o acceder a los servicios públicos. Esto tiene mucho que ver con el colapso que sufrimos a escala social. Sabemos que actualmente somos 8,2 millones de personas en el conjunto de Catalunya, pero los recursos no han crecido en proporción a la población.
Es interesante analizar la participación política de la ciudadanía y su grado de vinculación o arraigo en el barrio y en la comunidad. La falta de participación y de vínculos es un factor de exclusión que tiene mucho que ver con el hecho de que Barcelona sea una diócesis esencialmente urbana. Esto dificulta las relaciones y el sentimiento de pertenencia. Lo podemos observar incluso a nivel personal: las relaciones sociales que teníamos cuando éramos pequeños son muy diferentes a las actuales.
También es cierto que, a menos ingresos, menos vínculos puedes tejer, y eso dificulta más salir de la situación de exclusión.

¿Se detectan nuevas formas de exclusión vinculadas a la vivienda?
Para muchas personas, ha llegado un punto en el que acceder a una vivienda se ha convertido en una misión imposible. Si no tienes una economía consolidada o una situación laboral estable, es muy difícil asumir el coste de la vivienda.
Si a esto añadimos que en Cáritas acompañamos a muchas personas que se encuentran en situación administrativa irregular, las dificultades todavía aumentan. Muchas veces no pueden acceder a una vivienda porque no tienen la documentación requerida o porque se encuentran con situaciones de discriminación o racismo inmobiliario.
En este contexto, las personas buscan estrategias alternativas para poder vivir: compartir vivienda, vivir de realquiler o alojarse en equipamientos sociales que a menudo tienen largas listas de espera. Cuando ninguna de estas opciones es posible, la alternativa acaba siendo dormir en la calle.
Esta situación va en aumento y, por desgracia, no vislumbramos una solución ni a corto ni a medio plazo.
Una de las problemáticas que comentabas es el aislamiento social y la soledad. ¿Cómo incidís en una sociedad cada vez más individualizada?
Para realizar un buen acompañamiento no basta con cubrir las necesidades básicas; las personas también necesitan espacios de relación y pertenencia. Necesitan un espacio de referencia que las ayude a salir del aislamiento.
Esto lo hacemos a través de diferentes proyectos. Un ejemplo son los Tramats de Vida, donde personas mayores se reúnen semanalmente para generar relaciones y vínculos. También disponemos de espacios polivalentes que se convierten en lugares donde pasa la vida, donde se desarrollan actividades varias impulsadas por las propias personas participantes.
El objetivo es que recuperen la ilusión, que sigan construyendo relaciones y que puedan aportar todo lo que saben hacer. Eso les ayuda a recuperar la dignidad, porque la gente no quiere vivir de las ayudas, sino sentirse útil y contribuir.
De hecho, nos encontramos bastante con personas que, cuando su situación mejora, nos preguntan de qué manera pueden ayudar a Cáritas o devolver a la sociedad lo que han recibido.
Estos espacios comunitarios tienen un poder transformador y dignificador muy importante.

Más allá de fomentar la acción comunitaria, ¿qué otras acciones lleváis a cabo?
En el ámbito de la vivienda disponemos de pisos compartidos, viviendas unifamiliares y proyectos residenciales específicos para personas mayores. Sabemos que es una respuesta limitada en relación con la magnitud del problema, pero a las personas que pueden acceder a ellos les permite resolver una parte muy importante de su vida.
Otro eje fundamental es el trabajo. Desde el programa laboral fomentamos las competencias necesarias para que las personas puedan incorporarse al mercado de trabajo.
Tambié desarrollamos un trabajo relevante en el ámbito jurídico y administrativo. Hemos apostado decididamente por ayudar a muchas personas a regularizar su situación administrativa porque sabemos que, una vez superado este obstáculo, pueden acceder a una mayor estabilidad laboral y, a largo plazo, mejorar también su situación residencial.
¿Cómo utiliza Cáritas los datos FOESSA para orientar su acción social?
El informe FOESSA de 2021 ya apuntaba una idea muy clara: la comunidad cura. A partir de esta constatación comenzamos a reforzar nuestra acción social, pasando de un modelo más individual a una intervención más grupal y comunitaria.
Hoy trabajamos desde esta dimensión comunitaria, conscientes de que no basta con acompañar a la persona individualmente. También hay que acompañar a la comunidad para generar nuevos espacios de relación, oportunidades y posibilidades.
Nosotros transformamos nuestra acción social a partir de la realidad que observamos. El FOESSA no es tanto el motor del cambio como una herramienta que refuerza lo que ya detectamos en el día a día.
Por ejemplo, durante la pandemia de la COVID-19 constatamos la importancia de la brecha digital. Con los años hemos desarrollado un programa específico para fomentar las competencias digitales y apoyar en la realización de trámites en línea. El cambio ya lo habíamos comenzado a llevar a cabo, pero el FOESSA nos ayudó a confirmar una tendencia que ya observábamos.
El informe aporta evidencias objetivas y rigurosas que nos permiten validar y orientar las decisiones que tomamos.

A pesar de todas las dificultades que tenéis delante, ¿qué supone para ti trabajar en una entidad como Cáritas Diocesana de Barcelona?
Estudié Trabajo Social, pero mi vínculo con Cáritas viene de muy lejos, porque antes de trabajar aquí ya había sido voluntaria.
Cáritas siempre ha sido una entidad con una gran capacidad de adaptación a la realidad social. Recuerdo que en los años noventa comenzaron a llegar personas recién llegadas a Sant Cugat, que es donde inicié mi trayectoria profesional. Cuando cambió el perfil de las personas a las que acompañábamos, también transformamos profundamente lo que hacíamos y la manera cómo lo hacíamos.
Para mí, esta capacidad de adaptación siempre ha sido uno de los grandes valores de Cáritas. También valoro mucho el acompañamiento a las personas desde una perspectiva de dignidad.
No las entendemos como objetos de la acción social, sino como sujetos activos, con voz propia y con mucho a aportar.
Cáritas también es la combinación entre el trabajo del personal contratado y el compromiso de las personas voluntarias. Esto siempre me ha generado un gran orgullo, porque demuestra que cualquier ciudadano comprometido puede contribuir a dar respuesta a las necesidades sociales.
Además, Cáritas es un altavoz que ayuda a explicar qué está pasando en la sociedad, a denunciar lo que no funciona y a impulsar cambios. Intentamos incidir en las políticas públicas, en la legislación y en las formas de acompañamiento a las personas, siempre en colaboración con las administraciones, otras entidades y la ciudadanía.
En Cáritas todos formamos parte de una misma cadena. Tiene tanta responsabilidad la trabajadora social que acompaña a personas en primera línea como yo misma, que desarrollo otras funciones. Vivo mi trabajo como un servicio para que los compañeros y compañeras que realizan atención directa puedan trabajar en las mejores condiciones posibles y ofrecer la mejor respuesta a las personas que se acercan a Cáritas pidiendo apoyo.

